El Caso de Alice Goffman
La fotografía se presta muy bien cómo vehículo de tergiversación de la verdad, por lo que no es raro encontrar casos de fraude al examinar su relación con la sociedad. Por ello he preferido desligarme un poco de ella para esta asignación, y he optado por examinar una metodología de investigación social que suele nutrirse muy bien de la ella, la etnografía. De esta manera la fotografía se vuelve sólo uno de las múltiples herramientas metodológicas de ésta.
El controversial caso de Alice Goffman sobre la realización de una investigación social desde etnografía ha dado mucho de qué hablar. Ésta le tomó 6 años, y está centrada en una comunidad estadounidense altamente estigmatizada en la que el sistema de justicia penal domina la vida de quienes en ella residen. Goffman cuidó de mantener anónima cierta información que podía comprometer a las personas con las que ella tuvo acceso. La investigación fue publicada en libro llamado On the Run, y en su momento fue altamente aclamado; pero luego de un tiempo se detectaron una serie de inconsistencias narrativas y cronológicas en su trabajo. E incluso se le reclamó por haber encubierto crímenes cometidos por éstas personas, poniendo en manifiesto que había un interés personal detrás de la manera en que la información fue presentada ante las comunidades académicas correspondientes.
Algunos juzgaron de perniciosas y fraudulentas sus acciones; y otros la tildaron de negligente al dejarse llevar por narrativas sin haber contrastado la información de manera adecuada. El caso es un ejemplo claro de por qué los investigadores sociales deben cuidar su trabajo, y mantener así un límite de distancia con las comunidades con las que se vinculan durante una investigación etnográfica. Se genera un problema de veracidad cuando los prejuicios del investigador maniobran la información en función de sus convicciones personales.
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